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lunes, 3 de abril de 2017

NUESTRO EGO Y LOS CABALLOS.



Entendemos el ego a nuestra manera. A muchos maestros del mundo del caballo les he oído decir que no debemos actuar con ego, que cuando estemos con el caballo hay que estar sin arrogancia, hay que ser muy auténticos. Haciendo un pequeño estudio del ego, sobre todo de las enseñanzas del filósofo y pensador Wayne Dyer “el padre de la motivación”, he llegado a conclusiones y estas nos pueden servir no sólo para estar con los caballos, sino para ser cada día mejores en nuestra vida.
La autoestima es necesaria, necesitamos valorarnos a nosotros mismos positivamente. Es importante amarse a sí mismo, ese amor propio nos lleva a amar a los demás, para eso necesitamos la autoestima.
El ego es el yo, yo, y yo. Un exceso de autoestima que nos hace exaltar nuestra propia personalidad. Luchamos para que todo gire a nuestro alrededor y necesitamos ser el centro de atención. Por nuestro ego, el hombre se cree con derecho a modificar la naturaleza y a dominar a los animales.
El caballo nos enseña que es mejor vivir sin ego, él no lo tiene, por eso no tienen la capacidad de odiar, no se frustra como nosotros, no pelea con las personas, ni persigue a sus victimas, no entiende de competiciones como el hombre, que está con el deseo de ganar, solamente compiten los sementales para conseguir yeguas y las madres para proteger a sus crías. Por nuestro ego los llevamos a las guerras y los metemos en el circo, ellos no necesitan ganar batallas, no entienden esas luchas nuestras, ni esa manera de divertirnos.
Hay muchas cosas que le gusta al ego, le encanta que ganemos, pero no siempre podemos ganar y cuando no ganamos nos sentimos insignificantes, nos frustramos. Si queremos conseguir avances con los caballos no vayamos con él con la intención de ganarles, las victorias vienen solas. No discutamos con el caballo, debemos liberarnos de la necesidad de tener siempre la razón, el ego nos quiere hacer esclavos de esa necesidad. Necesitamos estar bien no necesitamos tener razón.
Se trata de ser mejor cada día, no de ser mejor que los demás. Entre todas las especies nadie es mejor que nadie en este planeta. El ego nos dice que valoremos a los demás basándonos por su aspecto físico, por su riqueza, por sus triunfos, no hagamos caso al ego. No nos impongamos al caballo, no es inferior que nosotros,  juguemos con él, si queremos que confíe en nosotros vamos a tratarlo como a un amigo, como a un amigo del alma.
Importante para avanzar es no tener la necesidad de tener más. Más riqueza, más logros, más éxitos, nuestro ego nunca estará contento, nunca le parecerá suficiente. Cuando adiestras a un caballo sí le pides demasiado no conseguirás mucho, sí te conformas con poco llegaras más lejos de lo que deseabas.
A tú yo profundo no le importa lo que has logrado. Le interesa más como nos sentimos. Debemos ser agradecidos por las habilidades que nos han sido concedidas, con ellas y una gran motivación hemos logrado cosas que deseamos, la fuerza de voluntad la tenemos por nuestra existencia y es la que debe llevarse el merito, no nosotros.
Mi amiga Lucy Rees en su libro “La lógica del caballo”, dice que el caballo no reconoce la autoridad y no sabe lo que es la obediencia. Nosotros al ser predadores sí, por eso queremos ir con el famoso y el poderoso. El ego funciona haciendo que te preocupes de lo que piensan de ti los demás. Actúa según te indique el corazón, no por el qué dirán. La fama y la consideración que tengas entre la gente no es asunto tuyo, no debe preocuparte.
Por último y no menos importante es, no dejar actuar a tu ego cuando se trata de la ofensa. Sentirse ofendido crea algo destructivo, que te hace atacar y guerrear contra el que te ofende. Hay muchas ocasiones en las que nos podemos ofender, si le damos importancia, lo único que conseguimos es debilitarnos. El caballo cuando no hace algo que le pedimos es porque no sabe o no le indicamos como debemos. Nunca te sientas ni ofendido, ni frustrado con él, porque él no sabe lo que significan esas palabras.
Espero que te sirva para estar mejor con los caballos y con las personas.


David Muriel Holgado.

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